"Bot" es la palabra más devaluada del software. Hay bots que son un menú de FAQs con tres botones, y bots que capturan las reservas que hoy pierdes de noche. La diferencia está en tres cosas: qué sabe, a dónde encamina y cuándo se aparta.
En un club de buceo, el 30-40% de las consultas llegan fuera de horario: el buceador planifica su fin de semana el martes por la noche, el turista mira qué hacer mañana desde el hotel. Si nadie responde en minutos, reserva en otro sitio. Contratar a alguien para cubrir noches y festivos no sale a cuenta; no responder, tampoco. Ese es exactamente el hueco del bot.
Un bot que promete "hacerlo todo" — crear la reserva por el cliente, cobrarle en el chat, rellenarle la ficha — genera dos problemas: errores que acaban en tu mostrador (plazas mal asignadas, datos incompletos en el manifiesto) y clientes que no saben usar tu sistema la segunda vez. El patrón que funciona es otro: el bot atiende y guía; el buceador hace su propia alta y su propia reserva. Queda todo trazado, la documentación la sube el interesado y tu base crece limpia.
Tampoco debe atender llamadas de veteranos que quieren voz humana: ese canal es tuyo. El bot cubre el tráfico nuevo y el fuera de horario, que es donde se pierde el dinero.
El bot de DEKKO viene integrado con el resto del sistema — reservas online, ficha del buceador y app del club — dentro de la cuota plana de 399€/mes, sin coste por conversación y sin comisión por reserva. Atiende, resuelve y encamina; el buceador se auto-registra y su ficha queda lista para el manifiesto. El detalle completo, en la página del bot de WhatsApp para clubs de buceo.
En la demo de 30 min lo pruebas en directo con las preguntas de tus propios clientes.
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